Las
acciones y procesos integrales e integrados constituyen un enfoque articulado de intervención y gestión en salud pública orientado a incidir positivamente en los resultados en salud y a transformar las condiciones de vida de las personas, familias y comunidades, poniendo en el centro el bienestar y garantizando un abordaje diferencial según particularidades poblacionales y territoriales. Desde la integralidad, aseguran el continuo del cuidado desde la promoción y la prevención hasta el diagnóstico, tratamiento, rehabilitación y paliación, promoviendo el acceso oportuno y la calidad de los servicios; y desde la integración, facilitan la articulación y convergencia de acciones, sectores, actores y niveles de atención y gestión en los distintos entornos donde ocurre la vida y en donde se desarrollan las acciones de bienestar. Este enfoque se materializa mediante acciones colectivas y procesos transversales de gestión, dinámicos, sistemáticos y participativos, liderados por la autoridad sanitaria, que permiten la coordinación efectiva de políticas, planes, programas, proyectos y estrategias en salud pública entre el sistema de salud, otros sectores del gobierno y los actores sociales y comunitarios, incorporando criterios de pertinencia, integralidad, integración y contextualización para responder de manera efectiva a las necesidades de los territorios y contribuir a la garantía del derecho fundamental a la salud.